lunes, 29 de octubre de 2007

Vasos

Viéndolo bien, esos vasos

—Azul y Morado—

se traen ganas.

Que baste recordarlos: mantuvieron

una distancia mínima constante

mientras duró la fiesta;

que baste la visión del leve roce

de ahora de la boca de Morado

en la boca de Azul, quien —por cierto—

tiene restos de labial y no acusa

intención alguna de querer ausencia,

al contrario:

paciente es su espera por la hora en que mamá los tome,

los levante y coloque,

uno dentro del otro,

en el fregadero.

3 comentarios:

:Bautista dijo...

Un poema algo viejo. Recuerdo que la primera vez que te escuché leerlo fue en una especie de lectura de homenaje a Sabines, hace unos tres años. Estaban G.R.P. y U. Córdova, me parece. Creo que por ahí apareció Ignacio Ruiz, no recuerdo bien. Además de unos cinco o seis en el público. Llevé a una rubia menudita con la que salía. O sea: ya llovió.

Jaja.

Edhir dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Edhir dijo...

Hermanito: todos los poemas que subo a este blog son viejos. Versiones de los textos viejos, con una coma o palabra de más o de menos, con un orden alterado, etc. Textos que tienen la fortuna de no estar publicados en ningún libro, todavía en busca de la redondez; textículos que aspiran a ser erizos, que altero con cuidado y sin remordimiento. Como habrás notado, ahora hay una "mamá". Mis textos nuevos aún requieren de mucho más trabajo.
Como siempre, Mario Alberto, agradezco tu sano comentario y celebro tu buena memoria. Abrazo.