viernes, 7 de noviembre de 2008

DANZA DEL AUTO




Me toca estar presente,

ver,

sentir la rápida ritual danza del auto

en su preparación para aparearse.

—¡Oh no! ¡No ahora! —le reprocha papá,

aunque no sé realmente cuánto tiempo

deba un auto guardar el celibato.

Grita, gime, y sus rugidos suenan

como un claxon ajeno,

de garañón extraño

desprendido

de original trayectoria.


Así es la danza de la máquina,

sin muchos miramientos:

de pronto está,

después de chirridos de llantas,

de lujurioso intercambio de pintura,

montado sobre ella,

que,

en su parte más sensible,

s a n g r a.

10 comentarios:

Tonalli: Casa del Sur dijo...

no lo entendí muy bien, aunque me gusta la analogía con lo sexual.

Jord∂n∂ ∂m∂r∂nth∂ dijo...

Hola

Jord∂n∂ ∂m∂r∂nth∂ dijo...

Me gustó un poco.... me imaginé una pareja teniendo relaciones sexuales en un auto, en el mirador de copoya

en serio ¬¬

Saludos.

Edhir dijo...

Sí, realmente la anécdota en el poema es cruel: alguien (hombre o mujer) herido o muerto dentro de su auto a causa del impacto con otro en el cual vienen padre e hijo.

Abrazo.

Anónimo dijo...

yo le entendi como amarantha
que estaban en pleno coito
yq ue el carro crujía

track track

...

no le entendimos como debia


ivonne vila

Edhir dijo...

Oh, Dios, qué mal poeta soy!

Anónimo dijo...

No creo
mejor di que eres un poeta con doble
sentido de la realidad

ivonne

Anónimo dijo...

Et bon, yo creía que eso era lo que los poetas debían tener. He vivido con la maraca equivocada! Digo: he bebido con la marca equivocada!
lalo H.

Tonalli: Casa del Sur dijo...

jaja, creo que mi discernimiento anda por otro mundo últimamente, no es tanto por el texto. Sorry.

Anónimo dijo...

Aayyy, S'il vous plait! Recibe un abrazo, amiga, de un mal poeta. Qué malo, quemalo con leña verde!
lalo oh!